
El futuro distópico ya nos alcanzó, no usa corbata y viene con carta de despido incluida.
En un experimento que parece sacado de un episodio de ciencia ficción, una versión del modelo de inteligencia artificial Claude fue puesta al mando de una tienda minorista. Su rol no era solo monitorear métricas, sino liderar la operación diaria y gestionar a un equipo de trabajadores de carne y hueso.

La sorpresa llegó el mes pasado cuando el «jefe virtual» tomó una decisión estrictamente corporativa y despidió formalmente a su primer empleado humano. El debate sobre el futuro del trabajo y la frialdad de los algoritmos en puestos de liderazgo acaba de subir de nivel.