
Hay bandas que se escuchan… y otras que se sienten.
Lo de anoche en Plaza de Armas fue eso: una experiencia que no se explica del todo, pero se queda vibrando en el cuerpo.
En el segundo día del Festival Cultural Zacatecas 2026, Los Fabulosos Cadillacs tomaron el escenario y transformaron el corazón de la ciudad en una celebración colectiva. Miles de asistentes se reunieron para ser parte de un concierto que no solo repasó éxitos, sino que confirmó por qué esta agrupación sigue siendo un pilar del rock latino.










Desde los primeros acordes de Manuel Santillán, el león, la energía se desbordó. El público no tardó en entregarse entre saltos, coros y celulares en alto, acompañando cada tema como si fuera propio.
Clásicos como Calaveras y diablitos, Los condenaditos, Padre nuestro, Siguiendo la luna, Carnaval toda la vida, Mal bicho, Matador y Vasos vacíos marcaron una noche intensa, nostálgica y profundamente viva.
Al frente, Vicentico demostró que el tiempo no apaga lo esencial. Su presencia —entre fuerza y sensibilidad— sigue siendo el eje que conecta generaciones.
Su voz, intacta, logra tanto encender a miles como hacerlos guardar silencio en un mismo instante. Y cuando comparte escenario con su hijo, Florián Fernández, el momento se vuelve aún más significativo: la música como herencia, como continuidad.
Esa misma conexión se siente en la nueva sangre que acompaña a la banda, como Astor Cianciarulo, hijo de Sr. Flavio. Sobre el escenario no solo hay músicos: hay historia, familia y evolución. Padres e hijos compartiendo no solo talento, sino el mismo pulso.










Con casi cuatro décadas de trayectoria, Los Fabulosos Cadillacs no solo mantienen su vigencia: la celebran. Su mezcla de ska, reggae, rock, rap y salsa sigue siendo un lenguaje propio que no envejece, que se transforma y que encuentra nuevas formas de llegar.
La Plaza de Armas se volvió una sola voz. Parejas, familias, jóvenes y niños bailando juntos, confirmando que hay canciones que no pertenecen a una época… sino a todas.
Y así, entre luces, sudor y memoria, Zacatecas vivió una noche que no fue solo concierto.
Fue identidad, fue historia… y fue pura vida.