La temporada de mandarina ya está aquí: razones para amarla (y por qué no debes quitarle los hilitos blancos)

El aroma oficial del otoño en México no viene en vela perfumada; se libera al enterrar la uña en la cáscara de una mandarina fresca. Con la llegada de los primeros vientos fríos, este cítrico se convierte en el absoluto rey de los mercados, las ofrendas y nuestros antojos cotidianos.

En nuestro país, la temporada fuerte de este manjar arranca en septiembre y se extiende hasta marzo. No es coincidencia que aparezca justo cuando el clima empieza a refrescar, ya que la naturaleza es sabia y nos entrega exactamente el shot de vitamina C que nuestro cuerpo necesita para resistir los cambios de temperatura.

México es un territorio sumamente generoso para este fruto. Aunque las vemos en cualquier esquina, la gran mayoría de las mandarinas que consumes provienen de estados como Veracruz, Puebla y San Luis Potosí, los gigantes productores del país. Además, si crees que todas las mandarinas son iguales, debes saber que en el territorio nacional se cultivan más de 20 variedades. Entre las más populares que vas a encontrar en el mercado están la Dancy, Clementina, Murcott, Satsuma, Fremont y la clásica Tangerina. Cada una tiene su propio equilibrio entre acidez y dulzura.

Pero hablemos de lo verdaderamente importante y de ese hábito casi obsesivo que muchos tenemos: quitarle minuciosamente toda la «telita» blanca a los gajos antes de comerlos. Detén esa limpieza extrema ahora mismo. Esos hilitos blancos tienen nombre científico, se llaman «albedo», y son increíblemente benéficos para tu salud.

El albedo es una fuente brutal de fibra que ayuda a tu digestión, pero su verdadero superpoder está en la hesperidina. Este compuesto vegetal es un potente antioxidante que ayuda a mejorar la circulación sanguínea, reduce la inflamación y fortalece tus vasos sanguíneos. Así que la próxima vez que disfrutes de una mandarina, cómetela con todo y sus hilos; tu cuerpo te lo va a agradecer profundamente.