La industria de la música acaba de marcar un nuevo precedente gracias a Taylor Swift. Todo comenzó cuando la cuenta oficial de la campaña de Donald Trump utilizó varios temas de la artista —incluyendo el infaltable éxito «august»— en vídeos de TikTok.

La respuesta no se hizo esperar: el equipo de Swift activó un protocolo de derechos de autor para silenciar los audios de esos perfiles específicos, demostrando el poder que tiene un artista cuando es dueño absoluto de su catálogo.


Hasta ahora, la única forma que tenían los músicos para evitar que una figura política o marca usara su música en TikTok era retirar la canción por completo de la plataforma, afectando también a sus propios fans. Sin embargo, este movimiento presionó para habilitar la eliminación manual y dirigida. Ahora, los creadores pueden solicitar la retirada de sus canciones de cuentas específicas sin tener que bajar su música para todo el mundo.



Con este ajuste en la plataforma, Taylor Swift no solo recupera el control sobre cómo y dónde se escucha su trabajo, sino que abre el camino para que otros artistas protejan su imagen y postura política sin perjudicar a su comunidad de seguidores. Un movimiento legal y técnico que promete cambiar la relación entre los derechos de autor y las redes sociales.

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