
Dijeron «es una excepción», pero el planeta no piensa lo mismo. Francia acaba de tomar una decisión agrícola que tiene a la comunidad ambiental al borde del colapso (y con justa razón).
A ver, va el contexto rápido: Francia tenía súper prohibidos varios químicos por ser literalmente dañinos para las abejas. Sin embargo, con el pase de una nueva ley agrícola, las autoridades dijeron «siempre sí» y aprobaron de manera temporal el uso de acetamiprid y flupiradifurona.

Nombres raros, sí, pero el impacto es gigante. Estas sustancias afectan de forma grave a los polinizadores, esos pequeños voladores indispensables para mantener el equilibrio de los ecosistemas y asegurar la producción de la mayor parte de lo que comemos.

El drama político no se hizo esperar: Monique Barbut, la mismísima ministra de Transición Ecológica, agarró sus cosas y renunció en protesta, dejando claro que la medida es un retroceso gigante en la protección ambiental.
Un recordatorio importante para cerrar el día: si las abejas desaparecen, no solo nos quedamos sin miel, ponemos en riesgo la vida en el planeta entero.
